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lunes, 22 de junio de 2009

Qué caminos insondables construyen las uniones neuroquímicas de la mente de un asesino serial. Qué rumbos tan singulares pueden armar una mente de tal manera como para llevar a una persona a sentir la necesidad, o peor aun un regocijo, del acto de matar por el mero hecho de matar.

Esos caminos y puentes que en su conjunto arman el cerebro de un psicópata, son producto de la propagación de miles de billones de señales eléctricas que, combinadas, forman la mente criminal. Dicha mente, muchas veces tristemente privilegiada, es capaz de construir un meticuloso plan de acción e incluso crear un motivo para llevar a cabo, o mejor dicho validar o darle un motivo, tan oscura empresa. Ciertamente éstas características internas, digamos psicológicas, no son de fácil acceder.

Generalmente son tan densas y profundas como la jungla más espesa. Sin embargo hay algo que nos permite, como si fuera un machete psicológico que corta las barreras autoimpuestas del individuo, entrar a ésta jungla de pensamientos macabros y oscuros. Ese machete mental es la creatividad y el lado artístico de éstos asesinos.


Recuerdo hace ya muchos meses, años quizás, ver en el Discovery Channel un documental sobre un asesino de jóvenes. Este asesino tenía el macabro acto de realizar dibujos en los cuales, escondidos entre sus trazos, habitaban pistas y descripciones de sus actos. El hombre murió tras una condena de muerte llevándose a la tumba la cantidad exacta de jóvenes asesinados y los lugares donde dispuso de sus cuerpos. Solo quedó un dibujo, de un payaso de facciones bizarras, como único testigo clave del lugar final de éstas personas.

John Wayne Gacy

Comencemos con el personaje que les comenté al principio de éste artículo. Su nombre era John Wayne Gacy
(conocido también como Pogo) asesino en serie estadounidense, que asesinó al menos a 36 hombres jóvenes antes de ser detenido. Su principal zona de actuación era las zonas de homosexuales. Su forma de captar su víctimas, a veces hombres en las calles y otras veces a sus empleados, era atraerlos ofreciéndoles mejores puesto de trabajo, alcohol o drogas. Una vez se los ligaba, los llevaba a su casa, los torturaba, les ataba las manos, les recitaba la Biblia para acabar estrangulándolos pero antes mantenía sexo con ellos, para después enterrar los cuerpos en el jardín de su casa.


Roy Norris

Lawrence Bittaker y Roy Norris eran dos criminales que se conocieron en prisión y entablaron una oscura amistad. Al salir de prisión comenzaron a utilizar una camioneta denominada “Muerder Mac” para concretar su misión de secuestrar mujeres jóvenes torturándolas y asesinarlas dentro de la camioneta, bajo la insospechosa vista del público que la veía pasar.
Roy Norris, cuyo talento era igual de carente que su cordura, realizó varios dibujos que pueden ser vistos aquí.


Jim Ruzicka

Condenado a dos sentencias perpetuas consecutivas por el asesinato de dos personas, y peor aún, incluso sospechado del asesinato de otra mujer en Oregon, Estados Unidos, realizó este macabro ataúd. Le llevó varios meses ya que lo hizo, incluso la decoración, enteramente a mano. Realmente una de las piezas más macabras que he visto, sobretodo sabiendo que no es una expresión de éste asesino sino un deseo.




Daniel Seibert

Asesino serial de mujeres condenado a pena de muerte. Su obsesión con las mujeres queda patente en sus dibujos y pinturas, como podemos ver en la muestra aquí presente (click para ampliar). Para ver más dibujos y pinturas de éste asesino hagan click aquí.





Charles Manson

Y para finalizar Charles Manson, creo que éste no necesita introducción, pero igualmente pueden hacer click aquí para ver un informe detallado de sus crímenes. Manson no solo se dedicó a dibujar cosas extremadamente abstractas y sin sentido, como éste dibujo que realizó para la Navidad del año 2000 (click para ampliar), sino que también pasó mucho tiempo creando piezas de artesanía como sandalias y collares (como todo buen hippie)

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jueves, 14 de mayo de 2009

Marques de Sade

Finales del siglo XVIII, el marqués de Sade organizó una orgía en la ciudad de Marsella. Pero no fue una orgía cualquiera, decidió utilizar un potente afrodisíaco conocido como cantárida. Para que pasase desapercibido, y puesto que este afrodisíaco puede mezclarse fácilmente en la comida o bebida, decidió que fuera en la cena donde utilizarlo.

El resultado fue el esperado, en la cena se produjo una gran excitación de los comensales, pero el resultado no pudo ser más trágico. El marqués utilizo gran cantidad y fueron muchos los muertos y enfermos como resultado de tal cena. La dosis mortal de la cantárida es de dos centigramos, lo que hizo que la cena se convirtiera en una orgía mortal.

orgia

Como consecuencia de los hechos, la justicia francesa intervino, aunque el marqués de Sade se salvo por contar con influyentes amistades.

Decir que la cantárida se trata de uno de los afrodisiacos más poderosos del mundo. Pero no se proviene del reino vegetal, sino del animal. La Lytta vesicatoria es un coleóptero de 15 mm de longitud que se encuentra en las costas del Mediterráneo y en Rusia. En España puede encontrarse en Andalucía. Los griegos y los romanos ya lo utilizaron secándolo y deshaciéndolo para conseguir la excitación de la líbido y como abortivo. Pero en realidad no se trata de un afrodisiaco propiamente dicho, es un vesicatorio. Vesicatorio que lo que hace es inflamar los genitales, que es cierto que excita pero que inflama riñones y aparato digestivo pudiendo causar la muerte.

El marqués de Sade, conocedor o no de su poder, se dejo llevar por el placer.

Lytta-vesicatoria
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miércoles, 6 de mayo de 2009






fue un desalmado torturador que no dudaba en torturar a sus víctimas antes de violarles y asesinarles.

El lector que a partir de ahora va a adentrarse en la historia real de John Wayne Gacy descubrirá que el mal humano se esconde en lugares todavía menos accesibles que una arteria cerebral colapsada, la que tenía Gacy desde que se cayera en el jardín de su casa cuando era niño y que, según algunos expertos, transformó su cerebro en una mente psicopática. Quizás el mal anide en las entrañas del alma de algunos hombres que parecen, pero sólo parecen, buenos.
No cabría otra forma de calificar a un ciudadano tan ejemplar como John. Era un eficaz hombre de negocios, dedicado plenamente a hacer crecer su empresa de albañilería y decoración, a cuidar de su casa, a amar a su segunda esposa y a cultivar las relaciones sociales. El tiempo libre siempre lo dedicaba a los demás: organizaba las fiestas vecinales más famosas del barrio, se vestía de payaso y amenizaba las tardes de los niños ingresados en el hospital local. Incluso fue tentado por la política y se presentó como candidato a concejal. Y lo habría llegado a ser si no se hubiera cruzado en su camino el joven Jeffrey Rignall y su tenaz lucha por la supervivencia.

El 22 de mayo de 1978, Rignall decidió salir a tomar unas copas en alguno de los bares del New Town de Chicago. Mientras paseaba, ya de noche, un coche le cortó el paso. Un hombre de mediana edad y peso excesivo se ofreció para llevarle a la zona de bares más famosa del lugar. Rignall, osado, despreocupado, acostumbrado a viajar haciendo auto stop y, sobre todo, harto de pasar frío, aceptó la invitación sin sospechar que aquel hombre, en un descuido, le iba a atacar desde el asiento del conductor y a taparle la nariz violentamente con un pañuelo impregnado de cloroformo.


Con el hígado reventado por el cloroformo


Lo siguiente que Rignall pudo recordar fue la imagen de su nuevo colega desnudo frente a él, exhibiendo una colección de objetos de tortura sexual y describiendo con exactitud cómo funcionaban y cuánto daño podrían llegar a producir. Rignall pasó toda la noche aprendiendo sobre sus propias carnes mancilladas una y otra vez la dolorosa teoría que su secuestrador iba explicando. A la mañana siguiente, el joven torturado despertaba bajo una estatua del Lincoln Park de Chicago, completamente vestido, lleno de heridas, con el hígado destrozado para siempre por el cloroformo, traumatizado… pero vivo. Tenía el triste honor de ser una de las pocas víctimas que escaparon a la muerte después de haber pernoctado en el salón de torturas de John Wayne Gacy. En sólo seis años, 33 jóvenes como él vivieron la misma experiencia, pero no pudieron contarlo. A veces, el camino hacia el mal es inescrutable, se esconde y aflora, parece evidente y vuelve a difuminarse. Toda la vida de Gacy resultó una constante sucesión de idas y venidas. Fue torpe en los estudios, se matriculó en cinco universidades y tuvo que abandonarlas todas; sin embargo, terminó su último intento de estudiar Ciencias Empresariales y se licenció con brillantez. Hasta llegó a ser un hábil hombre de negocios. Se enroló en cuantas asociaciones caritativas, cristianas y civiles pudo, pero mantuvo una oscura relación con su primera esposa, llena de altibajos y cambios de temperamento. Tuvo dos hijos a los que amó y respetó, sin que eso nublara un ápice su eficacia para atraer y matar a otros adolescentes. Resulta, incluso, paradójico que un hombre obeso y aquejado de graves problemas en la espalda fuera capaz de atacar, maltratar, matar y enterrar a jóvenes llenos de vigor. Pero lo hizo una y otra vez, hasta en 33 ocasiones.









De día actuaba como el "Payaso Pogo" para niños enfermos hospitalizados.
Algunos detalles premonitorios


Pero si fue doloroso encontrar los cadáveres de 33 jóvenes incautos, peor resultó saber que su asesino ya había dado muestras de lo que era capaz de hacer. Poco después de casarse por primera vez, comenzaron a circular insistentes rumores sobre la tendencia de Gacy a rodearse de jóvenes varones. Rumores que sus vecinos vieron confirmados cuando el amable John fue acusado formalmente por un juez de violentar sexualmente a un niño de la ciudad de Waterloo. Él siempre sostuvo que las acusaciones no eran más que un montaje creado por el sector crítico de una de las asociaciones cívicas a las que pertenecía. Pero cuatro meses más tarde, la mesa del juzgado recibía la documentación de una nueva denuncia. La propia víctima del supuesto ataque sexual había sido apaleada. El agresor, un joven de 18 años con dudosa reputación, declaró que fue Gacy quien le pagó para escarmentar al niño que le acusaba. El caso estaba claro: Gacy fue sentenciado a 10 años de prisión en la penitenciaría de Iowa. La historia de un asaltador de menores parecía tocar felizmente a su fin…, cuando en realidad, no había hecho más que empezar. Incomprensiblemente, Gacy salió de la cárcel un año y medio después, aireando un indulto concedido en atención a su buen comportamiento y las "evidentes muestras de reforma dadas por el reo". El juez no tuvo duda de que aquel preso de 27 años se había transformado en otro hombre: lo que no supo hasta tres años después es que el nuevo John Wayne Gacy era aún peor. Gacy no sólo se las arregló para engañar al juez, también engañó a los vecinos de Sumerdale Avenue que lo acogieron en su segunda vida; a Lillie Grexa, una mujer divorciada y madre de dos hijos que se enamoró de él y aceptó su propuesta de matrimonio; a los clientes de una brillante empresa de reformas de albañilería que él mismo montó y, lo que es peor, a decenas de jóvenes varones que acudían a casa de Gacy bajo la promesa de un trabajo bien remunerado como albañiles.







Gacy se tapa el rostro momentos antes de entrar en la sala donde sería ejecutado por sus crímenes.Sus últimas palabras fueron : “¡Besadme el culo!”

Un jardín que olía demasiado mal

La vida social del hombre que los fines de semana se vestía de payaso para entretener a los niños enfermos en varios hospitales subía como la espuma. Dos de sus fiestas más sonadas, una al estilo "vaquero" y otra hawaiana, llegaron a congregar en su casa a más de trescientas personas. Todas regresaron a sus domicilios comentando dos cosas: lo agradable que era aquel ciudadano regordete, bonachón y trabajador y lo mal que olía su jardín. Porque era la comidilla del barrio que un terrible hedor fluía por las calles cercanas a la casa de Gacy y su segunda esposa. Ésta estaba convencida de que bajo las cañerías de su casa había algún nido de ratas muertas. Él aseguraba que el olor se filtraba desde un vertedero cercano y siempre estaba posponiendo una supuesta visita al ayuntamiento para tratar de arreglar el problema. Ningún vecino supo reconocer el tufo de los restos humanos, por eso, ninguno llegó a sospechar el acontecimiento que estaba a punto de sacudir la armoniosa vida de Sumerdale Avenue.

En diciembre de 1978, la madre del joven de 15 años Robert Piest empezó a impacientarse al ver que no regresaba del trabajo. El chico se ganaba un dinero extra ayudando en una farmacia, y estaba a punto de entrevistarse con un tal Gacy que le había ofrecido mejorar su situación si trabajaba como albañil para él. La desaparición de Robert fue puesta en conocimiento del teniente Kozenczak del departamento de policía de Des Plaines. Entre sus pesquisas, el agente hizo una llamada a Gacy, ya que su nombre aparecía entre los papeles del chico. Por supuesto, el ciudadano Gacy no acudió a la cita (se excusó diciendo que estaba enfermo), pero se presentó voluntariamente en la comisaría al día siguiente. Para entonces, el teniente se había encargado de estudiar el historial penal de aquel hombre (sentenciado e indultado por asaltar a un menor). Aunque Gacy negó cualquier relación con Piest, la policía logró una orden de registro de su domicilio en la que se incautó del más completo arsenal de instrumentos de tortura jamás visto en la región. Pocos días hicieron falta para lograr que Gacy confesara y entregara a la policía un detallado plano del jardín de su casa, en el que había marcado los lugares donde yacían los 33 cadáveres. En su declaración final, la vida del payaso asesino pareció sacada de una película de terror. Durante el juicio, Gacy aseguró que existían “cuatro John: el contratista, el payaso, el vecino y el asesino y constantemente respondía con las palabras de uno y de otro”. Lo que no pudo explicar fueron los motivos que le llevaron a dejar con vida al joven Rignall, cuya declaración sirvió para mandar al criminal a la camilla donde se le aplicó una inyección letal el 10 de mayo de 1994. Sus últimas palabras fueron :

“¡Besadme el culo!”

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domingo, 22 de marzo de 2009

Mensajeros turcos
A unos mensajeros turcos les preguntó que por qué eran tan irrespetuosos y no se sacaban el turbante en muestra de respeto ante su presencia. Los mensajeros respondieron que no acostumbraban a hacerlo. Vlad decidio reforzar sus costumbres y los devolvió a Estambul con los turbantes clavados a los cráneos, para que nunca se los sacasen.



El comerciante
Un buen día, un comerciante florentino se presentó en su castillo para denunciar que le habían robado una bolsa de monedas de oro. El príncipe le dijo que volviera al día siguiente. Cuando el mercader retornó al día siguiente, los ladrones y todos los miembros de sus familias estaban empalados en el patio de castillo. Frente a ellos, Vlad en su trono y la bolsa robada. Entonces el Empalador le pidió al comerciante que contara las monedas de la bolsa, para comprobar si faltaba alguna. El aterrorizado extranjero las contó cuidadosamente, y probablemente demasiado asustado para mentir, musitó finalmente: -Sobra una. Vlad le contestó: -Tu honradez te ha salvado. Si hubieras intentado quedártela, habrías acabado en la estaca más alta, junto con éstos..



Las caravanas de comerciantes
Ocurrió que unas caravanas de comerciantes alemanes en su ruta desde Serbia hasta Hungría no llegaron a pararse en Valaquia y comerciar con Vlad. Éste, al enterarse de la falta de respeto hacia él y su pueblo, mandó capturar las caravanas y asesinar a los 600 comerciantes que las componían exceptuando a dos, a uno de ellos le sacó los ojos y a otro le cortó la lengua y les hizo volver con las cabezas de los comerciantes a Serbia.



La amante
Vlad tuvo muchas amantes a lo largo de su vida, probablemente debido al hecho de que le duraban muy poco. Un día que Vlad estaba de mal humor una de sus amantes le dijo para complacerle que estaba embarazada de él. Vlad le envió una matrona para que la examinase y cuando ésta le dijo que no había tal embarazo le rajó literalmente el vientre a su amante gritando que quería ver el fruto de sus entrañas. Castigó duramente el adulterio y no dudó en empalar a todas aquellas mujeres que fueran acusadas de ello.



El monje empalado
Un día cuando Vlad paseaba con un monje junto a un bosque de empalados, éste le dijo que el hedor era insoportable, pero se lo dijo en tono de sorna. Vlad le miró con ojos incendiarios y ordenó que lo empalaran en el palo más alto que hubiera. Cuando el monje ya estaba empalado el príncipe le preguntó si allí arriba olía mejor.




La mujer holgazana
Vlad se encontró con un hombre trabajando en el campo que parecía falto de mujer por el aspecto de sus ropas. Al preguntarle si no estaba casado éste le dijo que sí. Vlad hizo traer a la mujer y le preguntó qué hacía en sus días, y ésta le dijo que lavar, hacer el pan y coser. Señalando a las ropas de su marido, Vlad no la creyó y decidió empalarla a pesar de que el marido afirmaba estar satisfecho con ella. Luego obligó a otra mujer a casarse con este hombre no sin antes amenazarla con el mismo destino si no cuidaba bien del campesino.




El voivoda Dan
Otra de sus acciones fue la muerte al voivoda usurpador Dan, a causa de que éste quiso derrocar a Vlad del poder de Valaquia, no sin que antes Dan cavara su propia tumba y asistiera a sus propios funerales. Ocurrió en 1460.



Los monjes mendigos
Cuando Vlad fue de visita a un pueblo de Valaquia, vio como dos monjes le pedían limosna. El príncipe les preguntó que por qué pedían limosna si podían vivir sin penurias colaborando en cualquier iglesia y éstos le respondieron que mendigando podrían saber si iban a entrar o no en el reino de los cielos, a lo que Vlad sin más miramientos, les mandó empalar y les dijo que así sus dudas quedarían resueltas de inmediato.



La copa de oro
También puso en la plaza de la capital de Valaquia, Tirgoviste, una copa de oro para que todo el mundo bebiera de ella, pero aquel que la robara se sometería a la justicia del príncipe. Durante los años de su reinado nadie osó robar la copa de oro.



Torturas a animales
Incluso cuando estaba prisionero o en el exilio, se dedicaba a torturar y mutilar pájaros y otros animales pequeños, como ratones y ardillas .



El sirviente
Un día cuando Vlad estaba en el castillo, escuchó a un sirviente quejarse del olor que despedían los empalados, no era su intención que su amo lo oyera; pero Vlad mandó traer una estaca muy larga (dicen que pidió la más larga que encontraran) y empaló ahí al pobre hombre, diciendo a sus hombres que de esa forma el sirviente no maltrataría su "fino olfato".


La crueldad del siglo XV
Justicia y sadismo, sangre y tortura, bosques de empalados y valentía sobrehumana. Los historiadores que defienden a Vlad III el Empalador como un héroe nacional destacan que, en aquel tiempo y lugar, el ejercicio del terror total era la única manera de mantener a raya a las fuerzas abrumadoramente superiores que, desde un lado y otro, se disputaban las puertas de Europa y de Asia. Desde esta perspectiva, Vlad Tepes habría sido simplemente un hombre de su tiempo, con la moral de su tiempo e incluso dotado de un sentido de la justicia y el patriotismo poco usual para época tan convulsa, quien hizo estrictamente lo necesario para acobardar a los masivos ejércitos extranjeros y a los desestabilizadores del interior.



Leyenda de vampiro
En la literatura y el cine fue el modelo del género de terror y del vampirismo, ya que se dice que bebía la sangre de sus víctimas en copas mientras comía delante de los empalados. Su sádica personalidad la tomó Bram Stoker como modelo para su obra Drácula, escrita en 1897. Para 1976, el gobierno comunista de Nicolae Ceauşescu lo declaró Héroe de la nación al cumplirse el V Centenario de su muerte. Se han realizado infinidad de películas sobre el personaje pero siempre desde la perspectiva del vampiro y no de su biografía real durante todo el siglo XX.
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viernes, 13 de marzo de 2009

Como os habréis dado cuenta, hoy es Viernes 13, un día que recuerda al sanguinario Jason Voorhees y por ello hemos recopilado una serie de anécdotas sobre la saga cinematográfica "Viernes 13".
Naturalmente hay algún que otro spoiler, por lo que si no queréis que se reviente ago que no conozcáis (imperdonable por otro lado), ya sabéis lo que no debéis hacer.

VIERNES 13:
  • -Betsy Palmer que interpetró a Pamela Voorhees fue nominada por este filme al Razzie como peor actriz y declaró que si no hubiera sido porque necesitaba un coche nuevo, nunca habría participado en esta película, ya que no le gustó desde el momento en el que leyó su guión. Por esta interpretación cobró 10.000 dólares.
  • -Casi toda la localización y el set de rodaje eran reales, sólo se construyó el set del baño.
  • -Antes de titularse "Friday the 13th", la película llego a llamarse "A Long Night at Camp Blood".
  • -10 fueron los personajes asesinados.
  • -La escena con la serpiente no aparecía en el guión y fue una idea de Tom Savini, después de verselas con una en su cabaña durante el rodaje. La serpiente usada para la escena fue real, incluida su muerte en pantalla.
  • -El aspecto de Jason fue una idea de Tom Savini.
  • -El año en que se estrenó la película, la tasa de niños que se apuntaron a campamentos de verano, cayó un 69%.
  • -Mientras casi todo el reparto y el equipo técnico se hospedaron en hoteles durante el rodaje, algunos actores y miembros del equipo, incluido Tom Savini, permanecieron en el propio campamento.
  • -Los productores y el director no tenían desde un principio la intención de hacer una saga. Jason Voorhees sólo era una sorpresa final que ni aparecía en el guión original.
  • -El campamento utilizado en el filme se llama originalmente "Nobebosco", se encuentra en Blairstown (New Jersey, USA). A día de hoy sigue abierto y tiene una placa en la entrada para recordar que la película fue rodada allí.
  • -Cuando el personaje de Kevin Bacon tiene el corteen la garganta, la sangre de su cuello hace burbujas. En un principio, la sangre tenía que derramarse, pero el mecanismo falló y el ayudante de efectos especiales de Savini, terminó soplando desde debajo de la cama a través de un tubo.
  • -El rodaje duró 6 semanas.
  • -En la escena en donde Bill se encuentra clavado con flechas, sus ojos pestañean varias veces debido a que el efecto especial del ojo que Savini había creado, le quemaba y le causaba dolor.
VIERNES 13. PARTE 2:
  • -La razón por la que no se sabe qué le ocurrió al personaje de Paul, es porque el actor que lo interpretaba abandonó el rodaje antes de que se terminara el rodaje.
  • -El título original de la película era "Jason".
  • -La película tiene una de las secuencias más largas del cine antes de los créditos iniciales, cerca de 15 minutos.

VIERNES 13. PARTE 3:
  • -13 son los muertos en esta entrega.
  • -Se rodaron dos finales alternativos.
  • -Es en esta película en la que Jason utiliza por primera vez la máscara de Hockey.
  • -Fue rodada en tres dimensiones.
  • -Steve Miner, el director, interviene en un breve papel.
  • -Dana Kimmell, no quiere que se le relacione con la saga después de que un amigo suyo fuera brutalmente asesinado.

VIERNES 13. PARTE 4:
  • -Ted White declaró que únicamente hizo de Jason por el dinero y no quiso figurar en los créditos.
  • -14 son los muertos en esta entrega.

VIERNES 13. PARTE 5:
  • -21 son los muertos en esta entrega. Bastantes más que en el resto.
  • -En los créditos aparece el nombre del actor Dick Wieand como Jason Voorhees, pero en realidad fue el especialista Tom Morga quien hizo las escenas de Jason con la máscara.
  • -John Shepherd rechazó participar en la siguiente secuela.

VIERNES 13. PARTE 6:
  • -Esta es la única entrega sin desnudos.
  • -18 son los muertos e esta entrega.
  • -En el guión se omitió todo lo ocurrido en la anterior parte.

VIERNES 13. PARTE 7:
  • -16 son las muertes de esta película.
  • -Fue la primera película intervino como Jason el actor Kane Hooder.
  • -Hay una escena en la que aparecen dos personas acampando en una tienda tipo iglú, esa escena está sacada de "Viernes 13 Parte 4".
  • -Esta película tenía la intención de juntar a Freddy Krueger y Jason Voorhees en la pantalla por primera vez, pero Paramount Pictures y New Line Cinema no se pusieron de acuerdo y el guión fue reescrito.

VIERNES 13. PARTE 8:
  • -Esta fue la última entrega producida por Paramount.
  • -19 son los muertos en esta entrega.
  • -El hombre que Jason lanza contra el espejo de un restaurante es el especialista Ken Kirzinger, quien haría de Jason en "Freddy contra Jason".
  • -En el póster original salía Jason rajando un cartel de "I love NY", que fue reirado tras las quejas del comité de turismo de Nueva York.

VIERNES 13. PARTE 9:
  • -25 son los muertos en esta entrega.
  • -Se estrenó 13 años después de la primera parte.
  • -Cuando muere el último poseedor del corazón de Jason, la máscara de hockey cae sobre la tierra y sale de debajo la mano de Freddy Krueger para cogerla. Esto mostraba las intenciones de New Line para el futuro.
  • -En los uniformes de la policía de Crystal Lake se puede leer Cunningham County en homenaje a Sean S. Cunningham, productor de esta secuela y creador de la primera.

JASON X:

  • -En princípio se llmó "Jason 2000"
  • -Fue la primera entrega que usó efectos digitales para recrear las muertes.
  • -Jason nunca pestañea.
  • -Fue producida por Sean S. Cunningham, director de la primera parte.
  • -David cronenberg hace un pequeño cameo.

FREDDY CONTRA JASON:

  • -La bolsa que Jason lleva en la cabeza durante la pesadilla de Crystal Lake es una referencia a la bolsa que Jason llevaba en "Viernes 13 parte 2".
  • -En los pases de prueba, no se incluyó el final. En su lugar aparecía un texto que decía: "Vea quien gana el 15 de Agosto, el día del estreno".
  • -Ken Kirzinger interpreta a Jason, aunque Kane Hodder, el veterano actor de la serie Viernes 13, quería hacerlo.
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miércoles, 25 de febrero de 2009



"Espero que no me pase algo así, es para volverse loca. También podría ser que ella lo esté, pero cuando la conocí me pareció cuerda... aunque al final de una cuerda puede haber atada una loca".
Pierrot. "Los Diarios de Enriqueta Martí"


"Las Vampiras" eran mujeres que se dedicaban a raptar a niños para extraer su sangre, su grasa y el tuétano de sus huesos, además de usar sus cabellos para rellenar almohadas y hacer pelucas.

El caso real más famoso es también el más aterrador. Fue obra de una mujer: su nombre era Enriqueta Martí y sembró de horror la Barcelona de 1912. Secuestraba, prostituía y asesinaba a niños para extraerles la sangre, la grasa y el tuétano de los huesos, y elaborar pócimas que sus clientes consideraban mágicas.


El 10 de febrero de 1912, desapareció en Barcelona una niña de cinco años llamada Teresita Guitart. Ya era casi de noche cuando Ana, la madre de Teresita, se había detenido en la puerta de su domicilio a charlar con una vecina y le soltó la mano a su hija pensando que subiría sola hasta el piso. Pero no fue así. Cuando el marido vio llegar a su esposa sin Teresita, preguntó extrañado: “¿Y la nena?”. La buena mujer lanzó un grito y bajó corriendo a la calle, pero ya era demasiado tarde, no había rastro de la niña.

Lo que había ocurrido era que Teresita, en lugar de subir a su casa, se alejó un poco y de repente sintió que una mano cogía la suya y que una mujer extraña le decía con acento mimoso: “Ven, bonita, ven, que tengo dulces para ti”. La pequeña se dejó llevar un trecho, pero al ver que se alejaba demasiado de donde estaba su madre, se soltó y trató de regresar. Pero la desconocida desplegó un trapo negro con el que cubrió por completo a la niña, la agarró en brazos para ahogar sus gritos y se perdió con su presa.



Los titulares sobre el secuestro


La prensa tomó el caso y le dio amplia cobertura. El gobernador civil trataba de convencer a todos de que era “completamente falso el rumor que se está extendiendo por Barcelona acerca de la desaparición, durante los últimos meses, de niños y niñas de corta edad que, según las habladurías populacheras, habrían sido secuestrados”.

Pero el rumor era cierto. Todos los esfuerzos policiales resultaron nulos, pero una vecina descubrió el paradero de la niña desaparecida. Su nombre era Claudina Elías, y un buen día se fijó en la cara de una niña que la miraba a través de los sucios cristales de una ventana. Le pareció que su expresión era implorante.

Allí vivía una mujer con un niño y una niña, pero el rostro de aquella criatura de cabeza rapada no le resultaba familiar. Se lo comentó a un colchonero y éste se lo hizo saber al policía municipal José Asens, quien se lo comunicó a su jefe, el brigada Ribot. Así que a primera hora de la mañana del 27 de febrero de 1912, Ribot se presentó en el entresuelo 1ª del número 29 de la calle de Ponent. Con la falsa excusa de que iba a inspeccionar una denuncia sobre la pertenencia de “gallinas” en aquel domicilio, Ribot entró y se topó con dos niñas de corta edad.



La prensa se hizo eco del caso


La secuestradora fue identificada como Enriqueta Martí Ripollés, de 43 años y con antecedentes por corrupción de menores. Ella misma se prostituía antes de cumplir 20 años, desde el día en que se dio cuenta de que siendo criada no llegaría a ninguna parte. Un día se casó con un pintor fracasado, Juan Pujaló, un tipo que se alimentaba de alpiste como los pájaros, porque lo había aprendido en un manual de naturismo.

Diez años duró la relación, aunque hasta seis veces se separaron en este periodo. La última y definitiva había sido cinco años antes. Había sido detenida en 1909, cuando descubrieron que tenía un prostíbulo integrado por menores de ambos sexos, cuyas edades iban desde los 5 hasta los 16 años. Librada de ese asunto por la intercesión de alguien muy poderoso, Enriqueta Martí, a pesar de que no tenía problemas económicos, solía mendigar y acudía todas las mañanas a centros de acogida, conventos, parroquias y asilos, pidiendo limosna y comida. A media tarde salía de su casa elegantemente vestida con sedas y terciopelos, y tocada la cabeza con pelucas y sombreros.

La declaración de una de las niñas, Angelita, fue sobrecogedora. Ella conoció a Pepito, un niño rubio de su misma edad con el que solía jugar hasta que un día presenció un hecho sobrecogedor:

“Mamá no se dio cuenta de que yo la vi cómo cogía a Pepito, lo ponía sobre la mesa del comedor y lo mataba con un cuchillo. Yo me fui a mi cama y me hice la dormida”.



Pepito, una de las víctimas de Enriqueta Martí



Tanto impresionaron al pueblo de Barcelona las declaraciones de las dos pequeñas que se abrieron suscripciones populares para abrirles una libreta de la Caja de Ahorros y hasta fueron presentadas en público. En el Teatro Tívoli, por ejemplo, se celebró una función en su honor y en los carteles se decía: “Teresita y Angelita asistirán a la representación desde un palco”.



Niña asesinada por Enriqueta Martí


Cuando el juez ordenó el registro de la casa de Enriqueta Martí, inició la pesadilla. Los del juzgado se quedaron atónitos cuando entre aquellas habitaciones sórdidas y malolientes descubrieron un suntuoso salón amueblado con gusto exquisito. El mobiliario, las lámparas, el cortinaje, las butacas y los sofás costaban una fortuna. En un armario colgaban dos trajecitos de niño y otros dos de niña; había medias de seda y zapatitos a juego con los trajes. También fueron encontrados las pelucas rizadas y los finos trajes de confección que Enriqueta vestía en sus misteriosas salidas.



Otra de las víctimas


Un paquete de cartas llamó la atención de los funcionarios. La mayoría estaban escritas en lenguaje cifrado, y abundaban en ellas las contraseñas y las firmas con iniciales. Apareció también una lista, una relación de nombres, que daría mucho de que hablar a la opinión pública. En la cocina encontraron un saco del que habían hablado las dos niñas: contenía un trajecito de niño y un cuchillo ensangrentados.

En otra habitación descubrieron un saco de lona, aparentemente lleno de ropa sucia y vieja, pero en cuyo fondo había huesos de niños. Se contaron costillas, clavículas, rótulas, que los expertos identificaron como pertenecientes a treinta niños diferentes. Todos tenían señales de haber sido expuestos al fuego, lo que, según los médicos, hacía suponer que los niños habían sido sacrificados para extraer grasa de sus cuerpos.

Tras un armario descubrieron la cabellera rubia de una niña de unos tres años, aún con el cuero cabelludo, trozos de carne y sangre seca. La macabra expedición concluyó en una habitación cuya cerradura tuvieron que forzar y en la que aparecieron medio centenar de frascos, rellenos unos de sangre coagulada, otros de grasa humana, y el resto con sustancias que fueron enviadas a un laboratorio para su análisis. Junto a las pócimas había un libro antiquísimo con tapas de pergamino, que contenía fórmulas extrañas y misteriosas. Y también un cuaderno grande lleno de recetas de curandero para toda clase de enfermedades, escritas a mano, en catalán y con letra refinada.

Ante las abrumadoras pruebas, Enriqueta reconoció que era curandera y que vendía filtros y ungüentos. “Confecciono remedios utilizando determinadas partes del cuerpo humano”. Y, de forma repentina, vociferó: “¡Que registren el piso! ¡Que piquen bien las paredes y encontrarán algo! Como sé que me subirán al patíbulo, quiero que conmigo suban los demás culpables”.



Retrato de Enriqueta Martí con la cabellera de una niña muerta en su mano
A nadie escapaba que tras los crímenes de Enriqueta Martí tenía que haber personas con suficientes recursos económicos para satisfacer sus perversiones. En la famosa lista de nombres hallada en la calle de Poniente, una lista de la que todo el mundo hablaba pero nadie conocía, había una relación de nombres y domicilios en la que, se rumoreaba, figuraban médicos, abogados, comerciantes, algún escritor, políticos y otras personalidades.



Fueron registrados también los otros domicilios que Enriqueta Martí poseía. El resultado fue aterrador: en un piso de la calle de Picalqués se halló un falso tabique que ocultaba un hueco en el que aparecieron más huesos, entre ellos varias manos de niño. Una crónica de la época afirma que “con los huesos fue encontrado un calcetín de niño que debió de pertenecer a un hijo de familia muy humilde, porque está zurcido y añadido desde su mitad con hilo de otro color”. En una casa de la calle de Tallers hallaron huesos y dos cabelleras rubias de niñas de corta edad.

En una torre de Sant Feliu de Llobregat aparecieron libros de recetas y nuevos frascos con sustancias desconocidas. Y finalmente, en el patio de una casa de la calle de los Jocs Florals de Sants, descubrieron el cráneo de un niño de unos tres años, que todavía presentaba adheridos a la piel algunos cabellos y una serie de huesos que los forenses reconocieron como pertenecientes a tres niños de tres, seis y ocho años.



La colección de niños muertos de "La Vampira de Barcelona"

Docenas fueron las criaturas identificadas como víctimas de Enriqueta Martí que se incluyeron en el sumario. Los periódicos escribieron frases como: “Esos huesos hablan de crímenes bárbaros, y esos emplastos y esas curas, de supercherías medioevales”. Y Millán Astray, jefe superior de policía, definió a la Martí como “una neurótica que se creía curandera, un caso de bruja antigua que hubiera sido quemada viva en la hoguera”.

Durante los meses siguientes, las noticias sobre el caso aparecieron diariamente en los periódicos. Enriqueta Martí había sido encarcelada y la vigilancia sobre ella era constante, ya que había intentado suicidarse contándose las venas en su celda.

Meses después se supo que Enriqueta Martí había fallecido en el patio de la cárcel linchada por sus compañeras presas. Se especuló que antes de ser golpeada ya estaba muerta, envenenada por encargo de alguien interesado en su desaparición. Nada se pudo probar. Lo único cierto es que nunca llegó a celebrarse el juicio, que los nombres de las personas que figuraban en sus lista nunca fueron publicados y que Enriqueta Martí se convirtió en un mito.
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sábado, 21 de febrero de 2009

Corría el mes de julio de el año de 1971 del siglo pasado, en Pirineos número 15, colonia Portales, un barrio de clase media baja nace una de las historias mas retorcidas de la ciudad de México.

Trinidad Ramírez vivía una situación de violencia psicológica de parte de su marido, el era el clásico hombre mantenido y que para colmo mantenía sobajada a su pareja, la cual hacia tamales para mantener a flote la raquítica economía familiar, el marido de nombre Pablo Días aparte de traerla en contra de la esposa, golpeaba también a los hijos, hecho que muchos suponen fue lo que poco a poco colmo la frágil paciencia de trinidad.

Porque en México si algo tienen las mujeres es que pueden aguantar hasta lo impensable pero si les tocaban a los hijos se despierta un instinto asesino dormido en toda mujer.

ese día había comenzado especialmente mal, Pablo le había tomado un dinero que trinidad había estado guardando para pagar las cuentas del mes, esta al reclamarle tal dinero recibió como respuesta el acostumbrado maltrato y no contento comenzó a golpear a su hijo mayor, incapaz de defenderlo, guardo su rencor y espero a que el alcohol en el que se había gastado el dinero hiciera su somnoliento efecto.

cuando estuvo segura de que dormía profundamente, tomo un bate y con todo el odio guardado asesto un golpe tras otro hasta que el falleció.

Aunque las pruebas apuntaban a que su hijo y su yerno lo descuartizaron ella se mantuvo estoica ante su declaración y se hizo responsable por el crimen.

Contó en su declaración que había desprendido las piernas y los brazos con la misma sierra que usaba para cortar la carne de los tamales, hasta terminar cortando la cabeza.

Ella tomo el torso y las extremidades las metió en la olla para tamales y los puso a cocinar, para poder hacer los tamales que vendería esa misma mañana, lo demás lo conservo por una noche, llevando el resto del cuerpo en el carro que usaba para vender tamales para tirarlo en un terreno cerca de su casa. Pero ese no fue el destino de la cabeza de su marido, la cual se mantuvo en una olla debajo de la cama de la asesina, hasta ser encontrada por los agentes investigadores.

Y es donde comienza el mito ya que a pesar de las alertas que emitió salubridad, nadie se presento a declarar o reclamar por los tamales ingeridos, tal vez por un pudor de ser señalados en la calle como clientes de la tamalera asesina.

Se dice que pidieron darle entre 20 y 40 años por el crimen cometido, pero el defensor pidió la absolución de esta por el alto grado de maltrato y estrés al que era sometida por su marido.

De el final muy poco se sabe dándole a la historia ese toque de leyenda urbana, que al paso del tiempo ha tomado diversos matices y cada que es contada se le agregan detalles distorsionándola de su contexto original.



EN T.V

Aunque no es oficial el año pasado surgio la serie "Mujeres asesinas" en la cual en uno de sus capitulos incluye luna historia muy parecida a la de la "Tamalera" aqui les dejo el capitulo:


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Parte 2


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Parte 3


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Parte 4


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Parte 5


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